
Por T-Rex. Alberto Contador es madrileño y tiene 24 años. Ahora mientras Óscar Pereiro sigue esperando, se ha convertido en el primer vencedor español del Tour de Francia tras Miguel Induráin. Alberto ha sido la revelación de la edición de este año, estando presente en los mejores momentos, aguantando con tesón en las etapas contrarreloj y levantándonos del sofa a todos durante las jornadas de montaña. Fue el corredor más alegre sobre la bicicleta y el que más movió la carrera, atacando una y otra vez a sus rivales en las subidas a los puertos míticos de este Tour 2007, especialmente en los Pirineos y en la ascensión al Galibier (etapa 14). Para muchos es el sucesor de Amstrong y de Induráin; para otros incluído él mismo, solo es Alberto Contador.
Pero además este chico nacido en Pinto ha conseguido con su victoria final algo todavía más importante; el principal objetivo de nuestro ciclismo en 12 años, lo que durante mucho tiempo nadie más había logrado temporada tras temporada: volver a poner de moda este deporte en nuestro país.
Las mentes retorcidas piensan que el dopaje y todos sus escándalos están por encima del espectáculo. Esas mentes son las mismas que creen que el dopping acabará con el ciclismo. Pero la realidad es que este deporte estuvo, está y seguirá estando por encima de todo eso mientras sigan compitiendo ciclistas como Alberto Contador. Corredores que, como él, hacen grande a carreras como el Tour de Francia cumpliendo todas sus reglas y jugando limpio desde el principio. Esas mentes retorcidas son pesimistas por naturaleza porque tienden a ver el vaso medio vacío y sostienen que el dopaje existirá siempre e irá menguando al ciclismo poco a poco con el paso del tiempo. Sin embargo los que queremos de verdad a esta disciplina deportiva somos optimistas porque pensamos que al igual que el dopaje existirá siempre, también seguirán existiendo deportistas con la clase y la honestidad de Alberto Contador, que serán al final los únicos encargados de potenciar el ciclismo y mantener viva la pasión y la ilusión por este deporte, dando espectáculo y enganchando a la gente.
Y precisamente esas mentes retorcidas e incongruentes son las que al final, sumidas en su obesión patológica por el dopaje, acaban convirtiéndose en cómplices del mismo, ayudando a darle pompa y perjudicando los intereses del ciclismo, que acaba siendo a la postre el gran dagnificado; el arma arrojadiza sobre la que construyen su estúpida cruzada. Por eso me produce rabia y lástima que la organización del Tour, la misma que instó tras dos semanas de competición al equipo Rabobank a expulsar a su líder y maillot amarillo de la carrera, Michael Rasmussen, todavía no se haya pronunciado en firme (ya) un año después sobre el positivo de Floyd Landis.
Esperando a ver si el norteamericano es capaz de dejar de ser culpable debido a un análisis de sangre para convertirse en inocente mediante líos de recursos, apelaciones y abogados; se está obrando del lado de los tramposos y se está dudando de los que realmente velan por vigilar el cumplimiento de las normas. Esas mentes retorcidas están siendo igual de injustas con el verdadero ganador de la edición del año pasado, Óscar Pereiro, como con los que realizan los controles antidopaje en su carrera.
Y para colmo, mientras todo eso ocurre y el bueno de Óscar espera el reconocimiento que ya merece desde hace bastante tiempo, desde un sector de la prensa francesa se cuenta algo así como que "el líder legítimo de la carrera tendría que haber seguido siendo Michael Rasmussen". ¿Fastidia que haya vencido Contador? Más bien la cuestión sería: ¿y si Pereiro fuera francés en vez de gallego? ¿Y si a Valverde le aceptasen su ADN para hacer una prueba definitiva en vez de preguntarle tanto por la Operación Puerto? ¿Y si Rasmussen hablara y explicara qué ha pasado en vez de romper su silencio solo para quejarse?
Pero además este chico nacido en Pinto ha conseguido con su victoria final algo todavía más importante; el principal objetivo de nuestro ciclismo en 12 años, lo que durante mucho tiempo nadie más había logrado temporada tras temporada: volver a poner de moda este deporte en nuestro país.
Las mentes retorcidas piensan que el dopaje y todos sus escándalos están por encima del espectáculo. Esas mentes son las mismas que creen que el dopping acabará con el ciclismo. Pero la realidad es que este deporte estuvo, está y seguirá estando por encima de todo eso mientras sigan compitiendo ciclistas como Alberto Contador. Corredores que, como él, hacen grande a carreras como el Tour de Francia cumpliendo todas sus reglas y jugando limpio desde el principio. Esas mentes retorcidas son pesimistas por naturaleza porque tienden a ver el vaso medio vacío y sostienen que el dopaje existirá siempre e irá menguando al ciclismo poco a poco con el paso del tiempo. Sin embargo los que queremos de verdad a esta disciplina deportiva somos optimistas porque pensamos que al igual que el dopaje existirá siempre, también seguirán existiendo deportistas con la clase y la honestidad de Alberto Contador, que serán al final los únicos encargados de potenciar el ciclismo y mantener viva la pasión y la ilusión por este deporte, dando espectáculo y enganchando a la gente.
Y precisamente esas mentes retorcidas e incongruentes son las que al final, sumidas en su obesión patológica por el dopaje, acaban convirtiéndose en cómplices del mismo, ayudando a darle pompa y perjudicando los intereses del ciclismo, que acaba siendo a la postre el gran dagnificado; el arma arrojadiza sobre la que construyen su estúpida cruzada. Por eso me produce rabia y lástima que la organización del Tour, la misma que instó tras dos semanas de competición al equipo Rabobank a expulsar a su líder y maillot amarillo de la carrera, Michael Rasmussen, todavía no se haya pronunciado en firme (ya) un año después sobre el positivo de Floyd Landis.
Esperando a ver si el norteamericano es capaz de dejar de ser culpable debido a un análisis de sangre para convertirse en inocente mediante líos de recursos, apelaciones y abogados; se está obrando del lado de los tramposos y se está dudando de los que realmente velan por vigilar el cumplimiento de las normas. Esas mentes retorcidas están siendo igual de injustas con el verdadero ganador de la edición del año pasado, Óscar Pereiro, como con los que realizan los controles antidopaje en su carrera.
Y para colmo, mientras todo eso ocurre y el bueno de Óscar espera el reconocimiento que ya merece desde hace bastante tiempo, desde un sector de la prensa francesa se cuenta algo así como que "el líder legítimo de la carrera tendría que haber seguido siendo Michael Rasmussen". ¿Fastidia que haya vencido Contador? Más bien la cuestión sería: ¿y si Pereiro fuera francés en vez de gallego? ¿Y si a Valverde le aceptasen su ADN para hacer una prueba definitiva en vez de preguntarle tanto por la Operación Puerto? ¿Y si Rasmussen hablara y explicara qué ha pasado en vez de romper su silencio solo para quejarse?


2 comentarios:
Es una pena que Contador tenga que ganar el Tour para que nos guste el ciclismo. En España tenemos touritis, y descuidamos la dureza del Giro y de las clásicas, o las vibraciones y las distancias mínimas entre corredores de la Vuelta.
Por cierto, organicémosnos para ir todos a la sede de L'Equipe en Paris (yo sé donde está) y quemarla
quem pode entender a guerra fria em que quase o mundo foi destruido por causa de liberdade e igualdade e não usam os dois maiores orçamentos militares para acabar com a miseria, quem entende a guerra do vietna, e a bomba de irochima que vaporizou bebes
united=6
states=6
of america=9=6
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