miércoles 6 de junio de 2007

La casa del terror


Por Ráptor. En un primer momento tenía pensado escribir sobre las elecciones municipales y autonómicas del pasado 27 de mayo y de cómo los políticos son unos verdaderos artistas a la hora de hacer una lectura interesada de los resultados. Pero antes de entrar a divagar sobre las razones por las que nadie pierde jamás en política, me parecía más interesante reanudar la actividad del blog con la noticia del último comunicado de E. T. A. y todo lo que ésta ha generado tras de sí.
Efectivamente la banda terrorista ha anunciado el cese del "alto el fuego permanente" que había decretado en marzo de 2006. En el texto se afirma entre otras cosas que "no se dan las condiciones mínimas para seguir con un proceso de negociación" y se acusa al Ejecutivo de haber "respondido al parón de las acciones armadas con detenciones, torturas y persecuciones".
Una de las cosas de la política que más aversión me produce es el uso interesado y partidista del terrorismo que se hace por parte de todos y que solo contribuye a potenciar el chantaje ambiguo de los terroristas. Intentar ganar votos aprovechándose del miedo que infunden los asesinos me parece lamentable, pues lo único que hace es reforzar los mensajes tramposos que a veces ellos nos lanzan. Y desgraciadamente eso es lo que sucede.
Ahora se marea la perdiz hablando del truncado diálogo con los terroristas por parte del Gobierno tiempo atrás, lo que constituye un ejemplo más de la afirmación que acabo de citar. Para mí lo único que debería ser tenido en cuenta del último comunicado de E. T. A. es que a partir de ahora reconocen que volverán a matar, como hicieron hace meses en Barajas y como han hecho siempre. Y eso es lo verdaderamente importante. Hay que buscar soluciones para intentar acabar con E. T. A. ahora que amenaza de nuevo. No tiene sentido que nuestros políticos sigan tirándose acusaciones retóricas e inútiles los unos a los otros sin más fundamento que el de desacreditarse mutuamente desviando la raíz del problema.
En su día el Presidente del Gobierno encabezó el inicio de un proceso de diálogo con la banda terrorista para poner fin a la violencia, tal y como han hecho absolutamente todos los gobiernos que ha tenido este país. Su fracaso debería poder entenderse como el fracaso de todos nosotros, como una oportunidad perdida por parte de nuestra sociedad de intentar acabar con el terror de E. T. A. de una vez para siempre. Otra cosa muy distinta es hablar de responsabilidad, que incluye los medios legítimos utilizados para ello y que solo pertenece a este Gobierno. Ésta sí sería hasta cierto punto criticable primero porque el fin nunca justifica los medios y segundo porque es verdad que en algún momento se pensó desde el seno del Ejecutivo que el final estaba próximo en forma de victoria política socialista.
Hoy la sensación que tengo es la de que estamos más lejos de la paz que el día de la bomba en el aparcamiento de la T4. Desde el principal partido de la oposición se han dicho cosas como que "E. T. A. necesita que Zapatero siga en la Moncloa". Mientras nuestros políticos, como máximos responsables de la opinión de nuestra sociedad que son, continúen por el camino de la divergencia del que hablaba antes, estamos todos perdidos.
Ahora es el momento de dejar a un lado las diferencias revanchistas y unirse honestamente (pero honestamente de verdad, no como hasta ahora) para acabar con nuestra lacra, que es la de la barbarie de E. T. A. Es el momento de olvidar la competitividad entre partidos y colaborar todos juntos para erradicar el mal que parece brotar una y otra vez en nuestro país.
España es a veces como una casa con un fantasma llamado E. T. A. que pulula incesante e intermitente en su interior causando terribles estragos. Sus habitaciones permanecen cerradas con llave porque sus inquilinos se llevan mal, pero el fantasma ataca a unos y a otros atravesando paredes y puertas indistintamente a su antojo. Quizás si esas puertas estuvieran abiertas para que sus inquilinos se comunicasen entre sí, atraparían antes al fantasma colaborando juntos. Pero desgraciadamente no lo hacen. Y mientras tanto, E. T. A. se frota las manos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo tu relato, con el cual coincido plenamente, me hace reflexionar y preguntarme que significa para ETA permanente, porque para mi permanente es algo que se mantiene siempre; como la muerte. Uno muere y se muere y ya no hay más, se acabó. Es algo permanente. Pero ETA juega a una retórica propia de un niño de colegio. Para empezar, a mi no me hacía falta el comunicado oficial parte de la banda terrorista anunciando el fin al alto el fuego y la vuelta a las armas, este ya se había roto con el atentado de Barajas (curioso día en el que se ahorcaba a un asesino, Sadan Hussein; y otros asesinos, la izquierda abertzale, vuelven a matar). Podría decirse que así es el destino, que solo nos queda protestar, pero creo que nosotros somos dueños de nuestro destino en comunidad, y que lo que hace falta es la unidad porque al fin y al cabo la estrategia que despliega la banda armada se centra en el divide y vencerás. Algo muy usado, por cierto, y harto conocido, parece mentira que nuestros políticos no se den cuenta. Unidad señores, unidad! Que la unión-sea de derechas, izquierdas o mixta- hace la fuerza. (La letrada)