miércoles 11 de abril de 2007

La flor de Mourinho

Por Dragón. Estaba en casa viendo el vídeo resumen del partido de fútbol de ayer de Champions League en el que el Chelsea eliminaba al Valencia con un gol del ganés Essien en el último minuto. Una de esas eliminaciones que duelen no tanto por el resultado, sino por la forma en que se producen. Estaba viendo el vídeo, decía, porque lamentablemente no había podido seguir el encuentro en directo la noche anterior. No obstante, he de decir que gracias a la prensa, la radio y el susodicho vídeo resumen, conozco a la perfección todo lo que ocurrió sobre el césped de Mestalla. Y de todo cuanto he visto, lo que me ha resultado más curioso ha sido una reacción del técnico del equipo inglés, el archiconocido José Mourinho, justo en el momento en el que el Chelsea empataba el encuentro y la eliminatoria con un gol de Shevchenko. En las imágenes se veía al entrenador portugués brincando y corriendo de emoción por la banda, celebrando el tanto con el resto del banquillo y diciendo algo en voz alta mientras cerraba el puño de júbilo y satisfacción. Se podía leer en sus labios en perfecto castellano algo así como "ya hemos ganado, ya lo tenemos".
Entiendo que a lo único a lo que se podía referir el bueno de "Mou" con esas palabras tan osadas, pretenciosas si se quiere, es a que gracias a ese tanto que igualaba todo, tenían en ese momento la eliminatoria más decantada a su favor con toda la segunda parte por delante y un Valencia muy mermado físicamente. Lo creo así, entre otras cosas porque lo que dijo posteriormente en la rueda de prensa más o menos coincide con mi lectura y porque, pese a usar nuestra lengua, sinceramente no me parece, debido a la reacción y los gestos, que fuera algo premeditado solo para que lo cazaran las cámaras.
Y es que puede que Mourinho sea un chulo casi siempre, pero todo tiene un límite; tampoco es para tanto. Puede que esa actitud a veces tan egreída y soberbia forme parte de una especie de rol que él juega ante los medios para dar una imagen de mayor seguridad, de tenerlo todo controlado. Ahí estaríamos de acuerdo. Pero, amigo, lo cierto es que luego sus jugadores que parecen tenerlo todo controlado. Sus equipos son super-competitivos, pelean hasta el final y no se vuelven locos en el intento. Es como si adquiriesen una parte de su personalidad. Ayer el Chelsea estaba contra las cuerdas (en el global de la eleminatoria lo estuvo por dos veces) y sin embargo, lejos de tener prisa, armó su juego con paciencia, imponiendo el fútbol lento que más le gusta, hasta que su dominio se transformó en los dos goles de la clasificación. Y lo cierto es que la sensación que a uno le queda es que nada de lo ocurrido parece fruto del azar, sino de la calidad de unos pocos como Drogba, del trabajo de todos sin excepción y sobre todo de una extraordinaria labor del portugués desde el banquillo. La sensación en suma es que todo es fruto de la táctica y del control de las situaciones. Ni más, ni menos.
Por eso me he sorprendido hoy al comprobar como tanto en prensa, como en radio, como en televisión, se ha dicho algo así como que "en esta ocasión sí que mereció pasar el Chelsea". No es que sean palabras textuales ni mucho menos, pero uno también aprende a leer entre líneas y el mensaje periodístico venía a decir más o menos eso. Las crónicas en su mayoría hablaban de un merecido pase a semifinales de los londinenses, pero como si hubiese sido merecido por primera vez en la noche de ayer. Pregunto yo ahora: ¿qué hay de las demás veces con Mourinho de entrenador? ¿en esta ocasión sí lo merecieron, pero en las anteriores no?
Mourinho es indudablemente uno de los cuatro o cinco mejores entrenadores del mundo. Quizás no tendría por qué ir así por la vida y eso sí es algo que se le puede reprochar, pero sus detractores deberían tener en cuenta antes de valorar la actuación de sus equipos sobre el terreno de juego que los desacuerdos que tengan con las maneras del portugués, no deben desacreditar los méritos que él solito se gana a pulso dentro del campo. No se puede caer en la demagogía y desmerecer su gran trabajo táctico solo porque a uno le caiga mal, ya que hacer eso resulta tan injusto como decir que el Chelsea marca en los últimos minutos de sus partidos por pura suerte o que el Valencia tenía que haber pasado la eliminatoria. Entre otras cosas, porque si nos pusiéramos en el pellejo de los medios ingleses, veríamos las cosas de otro modo.
Me fastidia ejercer hoy y ahora de abogado defensor del diablo, pero lo que quiero decir aún lamentando la eliminación del equipo ché, es que mucho del éxito de este Chelsea se debe a la flor que tiene consigo José Mourinho y me quito el sombrero una vez más ante una nueva exhibición de un pedazo de técnico como es él. Le pese a quien le pese.